Psicoterapia Transpersonal

En las últimas 2 décadas se han ido perfilando dentro del ámbito de la psicología clínica la psicoterapia de orientación transpersonal. Más que constituir una teoría o un método psicoterapéutico definido, se trata esencialmente de entender la práctica clínica desde una visión del ser humano que incluye la dimensión espiritual, entendida ésta como una esfera que trasciende el ámbito de la mente racional, la personalidad condicionada y el cuerpo-emoción.
En este sentido, podemos decir que la psicoterapia de orientación transpersonal procura integrar dos paradigmas, uno propio de la psicología clínica occidental y otro proveniente de las tradiciones místicas y maestros espirituales, los entiende como complementarios y susceptibles de ser integrados en la psicoterapia

El paradigma de la psicología – presente en las distintas escuelas de psicoterapia – ha acumulado un vasto conocimiento sobre el funcionamiento del ego y la patología, en el vínculo con las figuras de apego. Producto de estos factores se va configurando un self, con algunos niveles de disfuncionalidad dentro de un continuo entre salud y patología. La psicoterapia es el método que busca “la cura” o sanación de la persona. Por medio de la toma de consciencia y elaboración de los conflictos y la modificación de patrones disfuncionales se busca la eliminación de los síntomas, la maduración e integración del self.

Desde la perspectiva transpersonal en cambio, el origen del sufrimiento humano se entiende como producto de un estado de olvido, engaño o ilusión en que nos encontramos los seres humanos
En nuestro estado habitual, la consciencia se halla interferida por el funcionamiento compulsivo y automático de la mente: la actividad incesante y descontrolada de imágenes, pensamientos y memorias que bloquean toda posibilidad de tener contacto con la realidad tal como es, generando una visión del mundo distorsionada y sobre todo una falsa identidad personal, el ego, una representación engañosa de uno mismo derivada del pensamiento. El ego, por su propia naturaleza vive en un estado de insatisfacción, en una dinámica emocional caracterizada por el apego al deseo y el temor al dolor. Tal es en el fondo la naturaleza del dolor psicológico desde la comprensión transpersonal.

Por lo tanto, la liberación del sufrimiento psicológico – en último término – no tiene que ver con la resolución de conflictos específicos o el mejoramiento del ego. Acá la identificación con el ego y su funcionamiento es parte del problema y la finalidad última es su trascendencia. Es por esto que la psicoterapia de orientación transpersonal se introduce en un ámbito complejo, que trasciende el lugar tradicional de la psicoterapia. Este es su valor y aporte, pero también su desafío y el cuidado que debe tener, ya que procura que la persona acceda a un tipo de conciencia testigo que permita la desidentificación de los dramas del ego y se reconecte con su esencia: una presencia consciente, silenciosa, inteligente y sensible, que trasciende la mente racional. Esto es lo que maestros y tradiciones espirituales han llamado el Ser, el Buda o el Cristo interior. El desarrollo de esta presencia de silencio y quietud permite el surgimiento de cualidades esenciales como la paz, la confianza, la compasión y el gozo.

La terapia entendida así, más que un proceso de “sanación”, es un proceso de despertar
Se trata de un proceso de toma de consciencia y transformación personal que está inspirada en la búsqueda de la verdad personal y existencial, una investigación honesta en y con uno mismo y con los otros, para que se desplieguen niveles de consciencia e identidad más profundos. La persona del terapeuta en esto es fundamental, pero no ocupa el lugar de un maestro espiritual. Por el contario, es un facilitador y colaborador del proceso del paciente, comparte con humildad su experiencia, conocimiento y sensibilidad con el paciente, explicitando que él también está en un camino de auto-exploración y expansión de consciencia.

Algunas dimensiones importantes de la psicoterapia desde esta orientación son: un vínculo de apertura, confianza y presencia por parte del terapeuta; el trabajo con el cuerpo y las corazas musculares; la conexión con la experiencia sentida, como factor clave del darse cuenta; la exploración rigurosa del ego, su estructura y mecanismos; el desarrollo de tres procesos por parte del cliente: darse cuenta-aceptación-responsabilidad; y sobre todo el desarrollo de una actitud meditativa o consciencia testigo, producto de la incorporación de la meditación a la psicoterapia.

La forma de incorporar la meditación a y en la terapia es variada, pudiéndose diferenciar los siguientes niveles: la presencia compasiva y consciente del terapeuta producto de su propia práctica meditativa; psico-educación y lectura de textos explicativos; enseñanza y ejercitación de prácticas formales de meditación con el paciente en sesiones; práctica de meditación formal fuera de la sesión por parte del paciente; enseñanza y práctica de meditación informal en la vida cotidiana; integrar la comprensión y la actitud meditativa tanto en la sesión como en la vida.

fotografía por Joey Kyber

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Acerca del autor | Basera (Alejandro Boric)
Psicólogo clínico, supervisor acreditado, ha sido docente en varias facultades de psicología, instructor de meditación certificado, con experiencia en diversos métodos de meditación y trabajo directo con maestros espirituales contemporáneos.